Matisse arma la terapia colectiva que Monterrey no sabía que necesitaba

Hay conciertos que se disfrutan… y otros que se sienten como un desahogo masivo. Lo que pasó con Matisse en el Auditorio Banamex fue definitivamente lo segundo.
La noche del 25 de abril no fue solo otro show más del “El Ayer Tour”, fue como entrar a una especie de refugio emocional donde cada canción pegaba directo en la memoria (y sí, en ese chat que juraste no volver a abrir).
Desde que se apagaron las luces, la vibra fue clara: elegancia, drama y sentimientos a flor de piel. Melissa Robles se llevó varios de los momentos más intensos con una interpretación cercana, casi como si le cantara directo a cada persona. Mientras tanto, Pablo Preciado mantuvo ese estilo sobrio que equilibra todo, y Roman Torres soltó comentarios que rompían la tensión justo cuando ya estabas a nada de llorar.
Canciones que duelen… pero bonito
El setlist fue un golpe tras otro (emocionalmente hablando). Temas como “Por tu bien”, “Si fuera fácil” y “La misma luna” se convirtieron en un karaoke gigante donde nadie se guardó nada. Literal, el lugar se transformó en un coro lleno de historias personales.
Y justo cuando creías que ya no podías sentir más, llegaron las sorpresas. La aparición de Carlos Zaur le dio un giro más íntimo a la noche, mientras que Victor Garcia subió la intensidad con un bloque que levantó a todo el mundo de su asiento.
Cuando el concierto se vuelve personal
Uno de los momentos más reales llegó cuando Melissa habló sin filtro: Monterrey no es cualquier ciudad para ellos. Y se notó. No era discurso armado, era conexión genuina.
El show también tuvo espacio para experimentar: sonidos más regionales, toques urbanos y versiones diferentes que demostraron que Matisse no se queda en su zona cómoda.
Un final que nadie quería que llegara
Cuando sonó “Acuérdate de mí”, el ambiente ya estaba cargado de nostalgia. Pero el cierre con “Más que amigos” fue el golpe final: miles de voces cantando al mismo tiempo, como si todos estuvieran contando la misma historia.
Al final, lo que pasó esa noche no fue solo música. Fue catarsis, recuerdos y emociones compartidas.
Matisse no vino a dar un concierto… vino a recordarle a Monterrey que está bien sentirlo todo.
Notas relacionadas
Comentarios
Cargando comentarios...

